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miércoles, julio 13

No Pasarán. Especial dedicado a H.G. Wells

Finalmente, después de muchas tribulaciones editoriales, salió a la luz No Pasarán. Las invasiones alienígenas desde H.G. Wells hasta S. Spielberg, un libro que escribí hace como cuatro años en italiano y que ahora aparece en castellano gracias a los esfuerzos de la editorial Páginas de Espuma. Para festejar el evento hemos preparado este especial dedicado a la invasión de H.G. Wells en digitalismo.com. De esta manera, este nuevo "suplemento" se suma al de Borges, uno de los grandes admiradores del escritor británico. Para terminar de rematarla, están invitados a compartir la entrevista que me hicieron los marcianos de Gomarespuma.com.

martes, julio 12

1.- ¡Llegan los marcianos!

warworlds1«¡Ya llegan! ¡Llegan los marcianos!»
H. G. Wells
THE WAR OF THE WORLDS

Dos acontecimientos, uno de carácter militar y otro astronómico, se entrelazan en el origen de la novela de H. G. Wells THE WAR OF THE WORLDS. La militarización de Alemania en la segunda mitad del siglo XIX propició la publicación en el resto de Europa de una serie de obras que ficcionalizaron este rearme de la potencia prusiana. Escritas en un estilo semidocumental, novelas como THE BATTLE OF DORKING de George Chesney (1871) ejercieron una notable influencia sobre el scientific romance de Wells. La catastrófica descripción del ataque marciano y la caótica fuga de Londres encuentran en estas obras un explícito antecedente estilístico; el hiperrealismo de ciertas imágenes bélicas será retomado por Orson Welles en su histórica transmisión radial de 1938.

Pero la amenaza no venía sólo de Berlín. En el siglo XIX muchos astrónomos estaban realmente convencidos de la existencia de vida inteligente en Marte. A partir de 1877 el astrónomo italiano Giovanni Virgilio Schiaparelli comenzó a recorrer con su telescopio la compleja red de canales sobre la superficie marciana -descubierta por el jesuita Angelo Secchi en el siglo XVIII- dando origen a un debate que marcaría la ciencia y la literatura de los años sucesivos. Impresionado por las que aparecían como gigantescas obras de ingeniería hidráulica, Schiaparelli se preguntará en su clásico LA VITA SUL PIANETA MARTE: ¿Qué forma de orden social será la más conveniente para mantener esa estructura hidráulica? ¿Un socialismo colectivo, que transforma cada valle en un «falansterio»? ¿O una «federación de valles» independientes? Más allá de la respuesta, la existencia de vida inteligente en Marte parecía fuera de discusión.

A finales del siglo XIX cientos de astrónomos se entretenían escudriñando el cuarto planeta del sistema solar. Entre ellos estaba M. Javelle, un astrónomo de Niza (Francia) que había entrevisto con su telescopio extrañas luces sobre la superficie marciana. Pero no sólo los europeos miraban hacia los cielos; desde su observatorio privado en Arizona el astrónomo estadounidense Percival Lowell también estudiaba con atención los canales descubiertos por Secchi tratando infructuosamente de individuar a sus constructores. Lowell publicará en 1896 el libro MARS a la que seguirán otras tres obras de astronomía divulgativa que alcanzaron una gran repercusión: MARS AND ITS CANALS (1906), MARS AND ITS MYSTERY (1906) y MARS AS THE ABODE OF LIFE (1908). Si Schiaparelli había tímidamente expuesto la hipótesis geológica para explicar la formación de los canales -pero sin descartar a priori un posible origen artificial («Yo me cuidaré bien de combatir esa suposición, la cual no tiene nada de imposible» afirmaba el astrónomo italiano)-, Lowell será un ardiente defensor de la presencia de una cultura inteligente en Marte. Según el astrónomo norteamericano los canales rectilíneos que cruzan su superficie sólo podían ser el resultado de un complicado trabajo de ingeniería realizado por una civilización muy avanzada. También el astrónomo francés Flammarion (autor de LA PLANÈTE MARS) defendía esta hipótesis.

En 1898 Herbert George Wells publicará en Londres THE WAR OF THE WORLDS, la madre de todas las invasiones de la ciencia ficción. Nacido en 1866 en una familia modesta, Wells había conquistado al público con THE TIME MACHINE, su primer scientific romance; dos años más tarde confirmará este consenso entre los lectores gracias a THE INVISIBLE MAN, otra obra magistral de la literatura fantástica victoriana. Con THE WAR OF THE WORLDS, H. G. Wells funda un riquísimo filón narrativo que marcará a fuego a la ciencia ficción del siglo XX; esta obra «acepta la premisa de Lowell de que existen uos marcianos inteligentes, les dota de la naturaleza agresiva atribuida desde antiguo al sangriento planeta rojo que lleva el nombre del dios de la guerra, y se sirve de las descripciones científicas de Marte elaboradas por Lowell para extrapolar la naturaleza y los propósitos de la raza que invade la Tierra … La novela de Wells es la primera de una larga serie de obras que aceptan la hipótesis de los marcianos inteligentes y la toman como punto de partida de una extrapolación novelística muy elaborada» (Scholes-Rabkin, 1982:132). Podemos decir que THE WAR OF THE WORLDS empieza donde termina THE TIME MACHINE. SI en este romance el viajero temporal llega a vislumbrar los últimos días de nuestro planeta, cuando la vida está a punto de extinguirse debido a la muerte del sol, los marcianos que deciden invadir la Tierra deben afrontar el mismo problema: la decadencia de un ecosistema. El fantasma de Darwin se agita detrás de cada una de las páginas escritas por Wells.

THE WAR OF THE WORLDS obtuvo un éxito tan grande que inspiró a numerosos autores de menor calibre. Apenas pocos meses después de su publicación los escritores replicantes se pusieron a trabajar. El astrónomo y divulgador científico estadounidense Garret P. Serviss sintió la imperiosa necesidad de publicar EDISON'S CONQUEST OF MARS, una obra -aparecida en forma de serial en 1898 y como libro en 1917- en la cual la Tierra envía una flota a Marte para vengar la agresión marciana narrada por H. G. Wells. En 1912 el virus de la invasión también contagió al francés Jean de la Hire, quien escribirá una obra -LE MYSTÈRE DES XV- que pretendía ser una continuación de THE WAR OF THE WORLDS.

lunes, julio 11

2.- La invasión sale al aire.

warworlds1«Tomamos las mantas y mi nieta quería
llevarse el gato y el canario.
Estábamos delante del garaje
cuando vino el chico del vecino
y nos dijo que era una obra de teatro.»
Testimonio recogido después
de la transmisión radiofónica
de Orson Welles

La novela de H. G. Wells se confirma definitivamente como obra de referencia, no sólo en el campo de la narrativa de ciencia ficción sino de la cultura de masas, cuando la noche del 30 de octubre de 1938 Orson Welles emitió su antológica versión radiofónica de THE WAR OF THE WORLDS. A la inteligente adaptación realizada por el guionista Howard Koch el genial director agregó una perfecta ambientación sonora muy realista que literalmente enloqueció a miles de oyentes. El padre fundador, H. G. Wells, definió esta transmisión como «un ultraje».

Los oyentes que sintonizaban el MERCURY THEATRE descubrían que el espectáculo era continuamente interrumpido para permitir la difusión de comunicados urgentes. La entrada impetuosa de la «noticia de último momento» no era nueva en el mundo radiofónico estadounidense: en setiembre de 1938 -un mes antes de la emisión de Welles- la programación había sufrido interrupciones a cada momento porque corrían fuertes rumores de un inicio de las hostilidades contra las potencias del Eje. Para enriquecer el texto y aumentar su credibilidad el guión de Koch proponía además la salida al aire «en directo» de astrónomos pertenecientes a las principales universidades y observatorios norteamericanos. El profesor Richard Pierson -interpretado por Orson Welles- era el personaje central del drama. A medida que avanzaban los marcianos los otros personajes que ocupaban altos cargos de gobierno entraban en escena: el general Montgomery Smith, el vicepresidente de la Cruz Roja y el Secretario del Interior daban precisas indicaciones para la evacuación de la población civil y la organización de la contraofensiva. Numerosos oyentes cayeron en la trampa de Welles; otros, en cambio, intuyeron inmediatamente las características ficcionales del programa: «era como uno de esos cuentos que leo en AMAZING STORIES, pero mucho más emocionante».

Los fenómenos de histeria colectiva que se dieron durante la emisión del programa ya entraron en la historia de los mass-media: «miré desde la ventana y todo parecía normal. Se ve -pensé- que todavía no llegaron a este barrio… », explicaba un oyente, pocas semanas más tarde, frente a un investigador. Miles de personas, desde New Jersey hasta los pequeños pueblitos del Medio Oeste, trataron de huir de los marcianos que mataban a todos los seres vivientes con el gas «amarillo-verde». El hiperrealismo de la transmisión, los boletines de guerra perfectamente construidos y el uso de formas coloquiales hicieron posible un fenómeno que todavía hoy sigue siendo utilizado como ejemplo por los teóricos de la manipulación mediática. Sin entrar en una discusión académica sobre los efectos de los mass-media, no debemos olvidar que a fines de los años ’30 el posible estallido de una guerra mundial era un sentimiento muy difundido entre la población y la hipótesis de un ataque japonés -o alemán- contra los Estados Unidos era una posibilidad concreta (como lo demostró el bombardeo a la base de Pearl Harbour pocos años más tarde). La impecable adaptación radiofónica de Orson Welles y Howard Koch hizo el resto.

En 1975 fue realizada THE NIGHT THAT PANICKED AMERICA, una estupenda reconstrucción televisiva de la radiotransmisión de Welles dirigida por J. Sargent y guionada, una vez más, por Howard Koch. En el cast de este film -lamentablemente nunca distribuido en el circuito del video- figuran algunos actores reconocidos como Vic Morrow, Cliff De Young, Paul Shenar (en el papel de Orson Welles) y Joshua Bryant como Howard Koch. Personaje desafortunado este Koch: nació en New York en 1902 y a partir de los años ’40 escribió algunos largometrajes que hicieron la historia de Hollywood, desde SERGEANT YORK (1941) hasta RHAPSODY IN BLUE (1945) pasando por CASABLANCA (1942). En los años ’50 el nombre de Koch apareció en la célebre lista negra de «comunistas infiltrados» en los studios, por lo que debió trasladarse con su esposa a Inglaterra, donde siguió firmando sus trabajos con el seudónimo Peter Howard.

domingo, julio 10

3.- La invasión en la pantalla grande.

warworlds1«¡Interrumpimos la transmisión para darles
un flash con las últimas noticias!
Una astronave marciana ha aterrizado
en la periferia de New York… »
Albert Feldstein
PANIC

El éxito alcanzado por el largometraje THE THING FROM ANOTHER WORLD (Nyby-Hawks, 1951) terminó convenciendo a la PARAMOUNT -propietaria de los derechos de THE WAR OF THE WORLDS desde hacía más de 25 años- de la necesidad de llevar a la pantalla gigante la novela de H. G. Wells. En 1953 Byron Haskin y George Pal iniciaron la filmación con la participación de Gene Barry y Ann Robinson en los roles principales. La película debe ser considerada la primera gran superproducción hollywoodense dentro del género de la ciencia ficción: los efectos especiales utilizados eran el máximo que la tecnología disponible en los studios podía ofrecer; el apoyo logístico por parte de las fuerzas armadas estadounidenses se confirma en las escenas bélicas, filmadas con un imponente despliegue de medios militares terrestres y aéreos.

La adaptación de Haskin y Pal agrega a la trama literaria diseñada por Wells una tecnología más actualizada y situaciones narrativas específicas de la lógica del cine de Hollywood. A diferencia de la victoriana historia contada por el inglés, en la versión cinematográfica de THE WAR OF THE WORLDS al personaje central (el joven Clayton Forrester) se suma una bella joven (Sylvia Van Buren) que lo acompañará en sus desplazamientos por los campos de batalla. La película retoma no pocos elementos de la producción bélica de la posguerra y no ahorra tecnología terrestre a la hora de frenar el ataque marciano; llegado el momento, los militares no dudan en lanzar una bomba atómica a pocos kilómetros de Los Angeles.

Al principio los técnicos de Hollywood trataron de reproducir los gigantescos trípodes descriptos por H. G. Wells, pero la idea fue posteriormente descartada para desarrollar las astronaves con forma de manta raya, una versión estilizada del clásico flying saucer. Un tentáculo superior lanzaba el fastidioso «rayo calórico». No debemos olvidar que la nave alienígena con forma de plato invertido ya había entrado en el imaginario popular, especialmente a partir de los cada vez más frecuentes avistamientos de discos volantes en los primeros años de la posguerra. La realización del marciano -hecho de goma y papel pintado- y la reconstrucción dentro de los estudios de la ciudad de Los Angeles -necesaria para filmar las escenas finales- son otros dos puntos a favor de los efectos especiales de THE WAR OF THE WORLDS. Escribe Amis: « (es) la mejor película de este tipo … se incluían no solamente marcianos bastante verosímiles, de conducta lógica en un contexto extraterrestre, sino que además representaban un real y enorme peligro, lo suficientemente grande como para que no bastasen para conjurarlo un par de tiros … » (1966:54). Sin embargo a esta obra le falta el clima oprimente y dark de otras invasiones menos costosas pero más aterradoras filmadas en el mismo período. Uno de los dos directores de THE WAR OF THE WORLDS, George Pal, volverá a la obra de H. G. Wells para filmar una interesante versión de THE TIME MACHINE en 1959.

sábado, julio 9

4.- Una invasión multimedial.

warworlds1«¡Interrumpimos la transmisión para darles
un flash con las últimas noticias!
Una astronave marciana ha aterrizado
en la periferia de New York… »
Albert Feldstein
PANIC

THE WAR OF THE WORLDS constituye una verdadera obra «multimedial» que ha atravesado todos los medios y lenguajes que integran la industria cultural, desde la literatura de masas hasta la radio, pasando por el cine, la música y el cómic. Obviamente, la fuerza temática de la invasión marciana no podía no desembarcar en las páginas de las revistas de cómics. En enero de 1955 apareció una primera versión de la novela de Wells bastante fiel al original: el comic-book costaba 15 cents y pertenecía a una colección de obras clásicas de la literatura. Sin embargo una de las más ingeniosas relecturas de la obra de Wells -y de su versión radiofónica- había sido realizada cinco años antes por el dibujante y guionista Albert Feldstein, quizás el principal representante del perseguido grupo de historietistas de la mítica editorial estadounidense ENTERTAINING COMICS (EC).

En 1950, Feldstein publicó en WEIRD SCIENCE un cómic titulado SF RADIO BROADCAST CAUSES PANIC que retoma la versión radiofónica de THE WAR OF THE WORLDS. En la primera parte Feldstein describe las reacciones de los aterrorizados oyentes de la transmisión de Orson Welles (Carson Walls en el cómic). Después de algunos años la emisora propone el espectáculo por segunda vez pero avisando previamente que se trata de un radioteatro. Durante esta segunda versión la transmisión es interrumpida en numerosas ocasiones para informar sobre el aterrizaje de una nave espacial en la periferia de New York. Obviamente se trata de una verdadera invasión espacial pero nadie reacciona a tiempo. Las comunicaciones se interrumpen y los aeropuertos son destruidos por los invasores. En pocos días la Tierra será totalmente devastada y transformada en una próspera colonia de Júpiter. El tono sarcástico que Albert Feldstein imprime a este cómic es el mismo que permea toda la producción de la EC, siempre a mitad de camino entre la parodia y la crítica social cáustica.

Pero volvamos a la literatura. Kevin J. Anderson fue el encargado de curar una antología -en la cual participaron Robert Silverberg, David Brin, Daniel Keys Moran, George Alec Effinger, Don Webb Walter, John Williams, Chad Lundgren, Mike Resnick y Gregory Benford- que describe la invasión de H. G. Wells tal como se dio en diferentes países. Gregory Benford y David Brin publicaron en 1996 el cuento «COUP DE FOUDRE» en el cual Jules Verne relata el ataque marciano a París. Sin embargo la revisitación más interesante de este imaginario literario la encontramos en THE WAR OF THE WORLDS OF SHERLOCK HOLMES (1975) escrita por M. W. Wellman y W. Wellman. Estos dos autores -padre e hijo- introducen en la obra de Wells algunos personajes inolvidables creados por Arthur Conan Doyle en aquellos años: Sherlock Holmes, el Dr. Watson y el Profesor George Edward Challenger. En esta versión la invasión marciana es narrada de manera alternada a partir de las aventuras del brillante detective de Baker Street y la oveja negra del establishment científico británico, «los mejores y los más entendidos hombres que me han sido dados a conocer» según las palabras del Dr. Watson.

El cruce intertextual entre la novela de H. G. Wells y los personajes de Conan Doyle invierte en parte el espíritu que anima THE WAR OF THE WORLDS, una obra embebida de resignación y en la cual los terrícolas apenas se oponen al potente enemigo alienígena. Los dos cerebros más potentes del Imperio Británico ya están trabajando incluso antes de la llegada del primer cilindro marciano a los campos cercanos de Woking. Holmes y Challenger estudian atentamente los movimientos de los marcianos y anticipan el desenlace «natural» de la invasión, llegando incluso a capturar un bellísimo ejemplar de alienígena. La dupla Wellman-Wellman nos presenta un trío de personajes -por momentos demasiado estereotipados- que propone, sin embargo, nuevos puntos de vista sobre la invasión marciana. Gracias a estos dos autores estadounidenses llegamos a conocer el origen nuclear (fisión atómica) del mortal «rayo calórico»; por otro lado, no deja de sorprender a los viejos lectores de las aventuras de Holmes la no menos calórica relación entre el detective de Baker Street y la patrona de casa (la señora Hudson), un romance para nada científico que la moralista pluma de Sir Arthur Conan Doyle se había encargado de mantener cuidadosamente escondido.

El 9 de junio de 1978, el músico inglés Jeff Wayne presentó una versión musical de THE WAR OF THE WORLDS que seguía paso a paso la novela de H. G. Wells. A la semana siguiente este disco doble entró en los charts oficiales del Reino Unido, donde permaneció por más de seis años hasta alcanzar el multiplatino (más de 6 millones de copias vendidas en todo el mundo). La obra -que combina los relatos de los protagonistas con las melodías de Jeff Wayne- contó con la participación de Richard Burton y otros destacados artistas que prestaron su voz a los personajes. El disco obtuvo un éxito impresionante en España, Holanda, Nueva Zelandia, Alemania, Italia, Austria, Portugal, Israel y los Estados Unidos. Existe una versión en español con la voz de Anthony Quinn y otra en alemán grabada por Curt Jurgens. Algunos singles extraídos de la obra -como «FOREVER AUTUMN» y «THE EVE OF THE WAR»- también lograron una gran difusión. En 1979, un jurado compuesto por Steven Spielberg, Alfred Hitchcock y otros grandes maestros entregó a Jeff Wayne el premio por la MEJOR GRABACIÓN DE CIENCIA FICCIÓN, TERROR Y FANTASÍA en los Estados Unidos. En los últimos años Jeff Wayne se ha dedicado a producir videojuegos ambientados con su música que reproponen el tema de la invasión marciana.

viernes, julio 8

5.- La invasión en la pantalla chica.

warworlds1«Una especie necesita tiempo para adaptarse
al nuevo ambiente»
Herbert Wright
THE WAR OF THE WORLDS: THE SECOND INVASION

Antes o después la madre de todas las invasiones tenía que aterrizar en la pantalla chica. La serie televisiva THE WAR OF THE WORLDS (Herbert Wright, 1988-90) parte de una inquietante hipótesis: la invasión descripta por H. G. Wells en 1898, así como el largometraje de Haskin y Pal de 1953, no fueron otra cosa que narraciones de sucesos verdaderamente acaecidos. También la transmisión de Orson Welles fue un intento por parte del gobierno estadounidense de cubrir, a través de la ficcionalización, una invasión real de tropas alienígenas. La cabeza de playa marciana en Grover's Mill no fue destruida por las bacterias terrestres -como explicó a sus aterrorizados oyentes Orson Welles- sino por un puñado de valerosos combatientes de la Grover's Mill Militia. La genialidad de Welles consistió en hacer olvidar la verdadera invasión, obligando a varias generaciones de norteamericanos a focalizar sus discursos en los entretelones de la transmisión radial. Toda la población ha sufrido una pérdida de memoria colectiva que la ha llevado a olvidar esos dramáticos sucesos. El gobierno se encargó de cubrir rápidamente las evidencias físicas de los combates; en pocos meses varias ciudades fueron reconstruidas para proteger la salud mental de sus habitantes. Los investigadores han pensado varias teorías: algunos sostienen que los marcianos poseen potentes medios para cancelar la memoria colectiva; otros dicen que fueron los mismos humanos, en un gesto de autoprotección, los que borraron su propia memoria.

Esta serie televisiva -también conocida como THE WAR OF THE WORLDS: THE SECOND INVASION- afortunadamente duró sólo dos temporadas. Durante la primera (1988-89), se explica el despertar de algunos marcianos «muertos» conservados por los gobiernos de los Estados Unidos y Canadá en unos contenedores metálicos. La historia comienza en la base militar de Fort Jerico (Nevada), donde los contenedores han sido almacenados junto a algunos restos radioactivos que, con el correr de los años, aniquilaron las bacterias responsables de la derrota alienígena. Cuando los refuerzos militares llegan a la base el panorama es desolador: seis contenedores están vacíos y más de 300 contenedores han desaparecido junto a otros tantos recipientes que contienen el material radioactivo necesario para revivir a los otros cuerpos marcianos. El grupo dirigido por el Dr. Harrison Blackwood -compuesto por la microbióloga Suzanne McCullough, el experto informático Norton Drake y el Coronel Paul Ironhorse- luchará episodio tras episodio para evitar el contraataque marciano.

A diferencia de la obra de Wells, los marcianos televisivos -que se caracterizan por invadir los cuerpos humanos a través de un proceso osmótico- presentan un ciclo biológico inspirado en la filmografía de los años '50. La situación de los alienígenas no es de las mejores, ya que la misma radiación que los ha revivido comienza a consumar sus cuerpos replicados: «todos los análisis demuestran que el alto nivel de radiación, necesario para protegernos de las bacterias existentes en este planeta, provoca un recalentamiento de nuestro metabolismo ? Una especie necesita tiempo para adaptarse al nuevo ambiente» explica uno de los marcianos resucitados. Mientras tanto decenas de ciudadanos son trasladados a Beeton (California), un pueblito perdido donde los marcianos depositan alienígenas en espera de que lleguen nuevos y frescos cuerpos humanos para reemplazarlos.

Los marcianos también operan en el frente tecnológico recuperando electrodomésticos y otros inocentes artefactos terrestres para construir armas y sofisticados instrumentos. En New Jersey algunos alienígenas son identificados mientras buscan -con un aparato construido a partir de una aspiradora- una nave enterrada durante la invasión del 1938; otro grupo trata de recuperar algunos equipos conservados en el hangar 15 de la Kellogue Air Force Base desde la derrota de 1953. Una central eléctrica de San Francisco se transforma en una especie de destilería que convierte los cerebros humanos en un potente medicamento para los marcianos enfermos. En la segunda temporada (1989-90) se produce una nueva invasión a la Tierra y al grupo de Blackwood se agrega el mercenario John Kincaid, el cual se encarga de organizar las operaciones militares en un escenario post-apocalíptico ... Pero a estas alturas los guionistas de esta mediocre serie televisiva estaban a años luz del espíritu que animaba a H. G. Wells.

Ahora le toca el turno a Steven Spielberg. La web de THE WAR OF THE WORLDS nos anticipa algunos datos de esta superproducción que une a dos pesos pesados de Hollywood (Spielberg y Cruise). Efectos especiales, escenas "dantescas", retórica del exceso ? Ante tanta expectativa no conviene olvidar lo que la historia de la ciencia ficción nos enseña: las mejores películas, las más sugerentes, a menudo han sido producidas con presupuestos bajísimos y desterradas por la crítica a la serie B.

jueves, julio 7

El Eternauta. Nuestra invasión alienígena.

el eternautaMe sumo al especial pensado por Carlos Scolari como presentación de su libro No Pasarán, para hablar del Quijote de las invasiones alienígenas, El Eternauta, de Héctor Germán Oesterheld. Seguramente la mejor obra sobre invasiones extraterrestres de la narrativa latinoamericana.

"La paradoja es la siguiente: nuestro hardware, la realidad material de la Tierra, está contrayéndose e implosionando sobre sí mismo, porque nuestras tecnologías reducen continuamente los intervalos de tiempo y espacio entre las operaciones. Mientras tanto nuestro software, nuestra realidad psicológica y tecnológica, se expande continuamente. El acceso a los reinos infinitos -las estructuras de información galácticas, planetarias, atómicas y subatómicas-, están también expandiendo el alcance de nuestra cultura de fondo en desarrollo." (Derrick de Kerckhove: 1999; 166)

Como en la Solaris de Stanislaw Lem, llevadas al cine por Andrei Tarkovsky y hace muy poco por Steven Soderbergh. la ficción de El Eternauta se confunde demasiado con la realidad de su creador, en el irremediable destino de la argentinidad. Si en Solaris, la amenaza extraterrestre enloquece a los protagonistas que sufren la visita de grandes afectos desde el confín de sus propio sueños, en El Eternauta, la ficción trágica se confunde con una realidad no menos trágica y dolorosa. Eso provoca un poco de escozor y tristeza, pero le da un aire visionario a la obra (diseñada a fines de los 50), funcionando como un doloroso espejo a futuro de la década del 70 (y si somos más críticos, de los '80 y de los '90 también), un presagio para toda una sociedad, pero peor aún, para su propio autor.

Antes de meternos en la obra, vale mencionar el destino de tragedia que rodeó a Héctor Germán Oesterheld. Tanto él, como sus hijas Estela, Diana, Beatriz y Marina, y dos yernos, todos militantes de Montoneros, fueron asesinados por la dictadura militar argentina en 1977. Dos de sus hijas estaban embarazadas, y dos de sus nietos fueron devueltos a Elsa, su mujer, y a su familia paterna. Recién así podemos comenzar a hablar de su obra, sin confundir ficción y realidad, pero sabiendo siempre que ambas son dolorosas construcciones de una misma mente, de un mismo motor de ideas. En palabras del autor, fue una obra que comenzó siendo un cuento de apenas 70 cuadros y luego se transformó en una larga historia, en una suerte de adaptación del tema de Robinson Crusoe. El Eternauta presenta al lector una Buenos Aires inusual y original. Invadida por extraterrestres, sus habitantes responden con solidaridad y valentía a un enemigo muy poderoso y mortal, que utiliza la tecnología para invadir civilizaciones menos dotadas para la conquista.

La obra, publicada por primera vez en 1957 en la revista semanal Hora Cero, comenzaba con un prólogo que nos acerca una vez más a su futuro destino."El único héroe es el héroe en grupo, nunca el héroe individual, el héroe solo".

La ficción -influenciada por el pensamiento político del autor- es producto precisamente de un narrador competente que revela un sesgo crítico hacia la sociedad de consumo y hacia el héroe solitario que siempre nos muestra Hollywood y los cómics de moda americanos, el imposible Superman que lucha sólo por la justicia. Además, viene a susurrarnos al oído que no nos dejemos llevar por las sirenas del progreso científico, que lo que conocemos del funcionamiento del universo y de nosotros mismos es sólo una delgada corteza, y que nunca, por su propia esencia, llegaremos a conocer el meollo de la realidad.

Pero veamos algo más del autor. Héctor Germán Oesterheld nació en 1919 y como señalaba, fue asesinado por la dictadura militar en 1977. De padres estancieros de origen alemán y de alto nivel económico, pasó una infancia normal y llegó a licenciarse en Ciencias Naturales en 1945, especializándose en Geología. Su acercamiento con la literatura se dio en el último tramo de su paso por la universidad, entrando de corrector al Diario la Prensa, donde publicó algunos trabajos. Posteriormente realizó cuentos de divulgación científica para chicos en las editoriales Abril y Códex. Así fue priorizando su labor de guionista por sobre su profesión de geólogo, dirigiendo la historieta infantil de Misterix. En 1957, uno de sus años de mayor producción, creó la Editorial Frontera y con éxito publica la primera parte de El Eternauta y Ernie Pike, éste último con dibujos de Hugo Pratt, otro célebre de la historieta mundial. Además guioniza el 80% de las obras de la editorial.

Después de un largo período de trabajo, la experiencia de Editorial Frontera se agota hacia 1964. Esta deja de existir y Oesterheld empieza a publicar, presionado por sus necesidades económicas, obras de menor calibre para editoriales Columba, Dante Quinterno y Skorpio, siendo ésta la que publica la segunda parte de El Eternauta y lo incorpora al staff permanente, hasta su muerte. Varios analistas vieron en Oesterheld al gran escritor argentino de aventuras, publicándose exposiciones suyas en todo el mundo, especialmente en Italia y España, siendo capaz de encontrar una voz argentina y un mercado propio a la invasión de la profusa producción americana.

Hay un doble mérito en la biografía de Oesterheld. Crea esta obra única de la literatura fantástica argentina y, además, junto a Alberto Breccia, genera un lugar destacado a la ciencia ficción en nuestro país, a partir de la creación en 1957 de la Editorial Frontera. Si bien el género ya tenía antecedentes, es aquí donde adquiere identidad propia. Decía en ese momento el propio Oesterheld; "Hay que comenzar a inculcar responsabilidad en este tema: cada día es mayor la cantidad de adultos que siguen con interés las historietas gráficas y es justo que el material que se les ofrezca sea serio y honesto". Un punto anecdótico que demuestra la relevancia del género en nuestro país fue la realización en 1968, en el Instituto Di Tella de Buenos Aires, de la Primera Bienal de la Historieta Mundial.

En El Eternauta, el autor se involucra como personaje en la obra, introduciendo en los cuadros la voz de un actor que lo representa; su propia voz, la de un guionista de historietas que se encuentra cara a cara con ese viajero del tiempo que protagonizará toda la saga. Ese encuentro es el punto de partida de una historia emocionante, con escenarios reconocidos y una sociedad argentina organizada ante el conflicto, como cíclicamente la realidad no se cansa de proponer.

Muchos relatos llevan consigo una orientación a la utilidad, a la lección de vida; secreta o manifiesta. Esta utilidad puede consistir en una pequeña práctica, un deseo político, una norma de comportamiento o un discurso aleccionador. Así, quien cuenta una historia, da un consejo a su auditorio, más que una respuesta a un interrogante, alcanza una propuesta muy ligada a los acontecimientos que cuenta. Pero el arte de narrar, la capacidad de intercambiar experiencias, tan propia del ser humano, se va transformando lentamente, perdiendo su necesaria oralidad.

En la actual era de la información, la narración pierde espacio ante la saturación informativa. Walter Benjamin reflexionaba sobre este proceso y señalaba, "Cada mañana se nos informa sobre las novedades de toda la Tierra. Y sin embargo somos notablemente pobres en historias extraordinarias. Ello proviene de que ya no se nos distribuye ninguna novedad sin acompañarla con explicaciones. Casi nada de lo que acaece conviene a la narración, sino que todo es propio de la información. Puesto que es casi la mitad del arte de narrar una historia mantenerla ajena a toda explicación mientras se la reproduce. Lo extraordinario, lo maravilloso es narrado con la mayor precisión, pero no se impone al lector ninguna interpretación psicológica de los acontecimientos. Las cosas son expuestas para que las interprete a su gusto, tal como las entienda, y así logra el relato una amplitud de vibración que falta a la información."

La extensión de los mecanismos de la industria informativa sobre la vida diaria ha sido decisiva en el declive de los relatos, y ha propiciado casi naturalmente la escandalosa manipulación mediática que sufrimos a diario. Paradójicamente, El Eternauta -un personaje del futuro- emprende la búsqueda de un antiguo hábito que los hombres han descuidado y poco a poco abandonado; el de contar historias con virtud. Es como si esta capacidad de intercambiar experiencias, generadora de todos los mitos y creencias anteriores a la imprenta- fuera debilitándose con el correr de los siglos. Las vivencias transmitidas, de generación en generación, caudal de saberes remotos que configuraban el corazón de un legado cultural de exclusiva transmisión oral, no sólo ejercitaba la memoria y mantenía alerta el oído de los hombres, sino también los enlazaba a la comunidad en calidad de narradores u oyentes, ambos lugares intercambiables. Esta comunicación social directa era el dispositivo de acción de los seres humanos. Al tiempo que sustentaba su visión del mundo, definía un modo singular de encarar la vida y la muerte.

Oesterheld recupera en la primera escena la figura del narrador, algo olvidado en nuestros tiempos, al ofrecer al viajero del espacio un escucha atento y paciente para recibir su relato, quién luego en su rol de guionista promoverá la misma historia para nosotros lectores, quienes accedemos a su trabajo recreativo. La nevada fosforecente es la más temprana señal de invasión al apasible transcurrir de la vida del guionista de historietas. Una invasión que no proviene de la naturaleza, sino de la ciencia y de la técnica aplicada, orientada a la destrucción. La muerte toma por asalto la escena y se convierte en actor y decorado, encarnando la primera aparición peligrosa de la tecnología.

"La fantasía de una persecución alienígena, a pesar de no encontrar evidencia que la sostenga, es , por supuesto, una forma de metáfora traumática. Podría tratarse de un efecto psicológico de las tecnologías atacando a la cultura. (…) Dicha agresividad podría ser, ni más ni menos, una proyección del miedo que una cultura tiene a sí misma y a sus propias transformaciones."(Derrick de Kerckhove, 1999; 190)

La lucha tecnológica por el poder y el intento de subordinar a los seres humanos, es el nudo central de El Eternauta. Pero también la idea opuesta, la de el valor de la solidaridad y el esfuerzo conjunto para realizar los grandes logros del hombre. Es la aplicación del desarrollo tecnológico lo que determina el grado de dependencia de una estructura social por sobre otras. En la obra, hay una escala social bien definida, fruto de la explotación de unos sobre otros según su superioridad tecnológica (de mayor a menor están El Ello, los manos, los gurbos y los cascarudos).

En el caso de los manos se presentan en la historia como seres temibles y monstruosos, sin embargo se sabe que hasta las invasión de los ellos a su planeta, vivían en una tierra de dos soles, con montañas heladas y glaciares, en total armonía. También los cascarudos eran animales inocentes que vivían de los jugos de las grandes flores que crecían en su planeta. A unos se les incorporó las glándulas del terror, a los segundos se los transformó en máquinas. Así han sido afectados por la lucha tecnológica.

Pero es absurdo en este punto de las cosas, hablar del desarrollo tecnológico bajo la dicotomía de lo bueno y lo malo. Pero si es posible marcar la dependencia que el hombre tiene de los instrumentos que crea, como modifica sus acciones y contribuye decisivamente a planificar nuevos escenarios en todos los aspectos, hasta el límite del hombre enemigo de si mismo. Sin entidad propia, la tecnología responde a los intereses particulares, muchas veces al borde de la autodestrucción. Los progresos tecnológicos han devenido siempre de la mano de un discursos esperanzador sobre el futuro. Sin embargo, ese futuro, hoy convertido en presente, es cada vez más desesperanzador, y los usos tecnológicos han servido, en definitiva, para ampliar la brecha entre naciones ricas y naciones pobres, entre grupos de poder hegemónicos (hoy transformados en la netocracia reinante) y subordinados; así, la esperanza tecnológica queda como la gran deuda del siglo XXI.

"Con cada generación técnica se reavivará el discurso salvífico sobre la promesa de concordia universal, democracia centralizada, justicia social y prosperidad general. Cada vez, también, se comprobará la amnesia respecto a la tecnología anterior. (…) todos estos medios, destinados a trascender la trama espacio-temporal del tejido social, reconducirán al mito del reencuentro con el ágora de las ciudades Del Atica." (Mattelart, 2002: 33)

Sin dejar de olvidar que, a pesar de este dato, las tecnologías y la ciencia creadas por el hombre fueron y son las principales acreedoras de una calidad de vida infinitamente superior a la que el planeta gozaba hace 100 años, aún en las sociedades más desprotegidas. Pero ese desarrollo esta muy lejos de multiplicarse equitativamente por el mundo, y esa es la gran deuda social de la tecnología y la ciencia.

Para no perdernos de El Eternauta, los dejo con un avance de la historia, para motivarlos a una nueva lectura; "En poco tiempo supieron que no era algo de este mundo: estaban ante la primera avanzada de una invasión extraterrestre. Encerrados en esa casa, se supieron unos de los pocos sobrevivientes. Después, peleas y peleas contra los enviados de un enemigo casi invisible: los Ellos. Al final, Juan Salvo es arrojado a otra dimensión del tiempo y el espacio, convertido en el Eternauta. Allí buscará a Elena y a Martita. Eternamente."

Bibliografía citada

KERCKHOVE, Derrick de.1999. La Piel de la Cultura. Investigando la nueva realidad virtual. Gedisa Editorial. Barcelona. (Primera edición en inglés en 1995)

MATTELART, Armand. 2002. Historia de la sociedad de la información. Paidós. Buenos Aires. (Primera edición en francés en 2001)

Para leer más sobre El Eternauta, recomiendo:
¿A quién salva Juan Salvo?. Otra lectura de El Eternauta. Por Laura Vázquez.